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Naturalmente Conquistadores y Conquistados

La Filosía, subió a la montaña,
Para proclamar su arenga:
Los grandes relatos inician:
“En el principio era la palabra”.
Los grandes cuentos dicen:
“Cierta vez, había una razón que…”
Sin embargo, dicen así porque no saben,
Como tú como yo, que no sabemos,
De dónde hemos venido, ni a dónde iremos,
Ni dónde estaremos,
Dependiendo sobremanera
De los dictados del tiempo
Y las circunstancias que atravesamos.
Pero, por verdadero que sea esta fórmula,
Sólo queda una cosa por decir:
¡Vaya forma de comenzar!
¡Qué bonita forma de empezar!
Cual pretexto que exponer
En su forma de acuñar
Los principios iniciales del ser.

Más, ojos de Filosía son precisos
Para mirar las rendijas y los escondrijos
De los listos y perversos,
Que, al no saber sus inicios,
Dan rienda suelta,
A sus artimañas más viles,
Para encontrarlos infraganti
Gritando sus arrogancias y aberraciones,
A los cuatro vientos de la existencia,
—Arrancando la última gota de libertad
A los individuos y pueblos,
Cuyos sueños son demolidos—,
Violando las mentes inocentes,
Lavando cerebros impolutos,
Timando a los indefensos,
Y derribando sus primeros ideales.

Así están las mentes gritando
“Ni soy de aquí ni soy de allá”.
Por ahora estoy aquí,
Porque así está dicho
En la ley del “mientras tanto”.
Por ahora soy colonizador
Más, por voces pretéritas sé
Que también fui colonizado.
Ser colonizador y colonizado
Es mi mayor patrimonio,
Forma parte de mi dignidad.
Así de rico es mi heredad,
Así de grande es mi coraza
De conquistador y conquistado
De amo y esclavo
De rey y vasallo.
Ambas dignidades
Hacen de mi un enterizo
Una síntesis que va gestando
Nuevas formas de existir,
Pues siendo rey o vasallo
Igualmente recibo
La justicia de las oportunidades.

Si en el mundo de los versos
La realidad juega así,
En el mundo de las denominaciones
En los grupos humanos
También ocurren así.
Por un tiempo, sólo por un tiempo,
Unos pueblos viven en una región
Luego, debido al tiempo y a la circunstancia,
Migran en busca de beneficios.
Si estos son fuertes ante otros,
Los someten y los subyugan.
Pero si son débiles,
Se someten y se dejan subyugar.
Es la historia de todo grupo humano
Por muy racional se diga
Seguirá escribiendo su historia
Con la pluma de libre y esclavo.

Por eso lo real no es ficticio,
Es real porque lo es,
Y no es falaz porque así lo es.
Pero un flaco favor al mundo
Es el relato que cuenta,
Cuentos de “pueblos originarios”,
Porque no existen ni existirán,
Es más, tampoco existieron.
Todos los pueblos del globo terráqueo,
O la basta cantidad de grupos humanos,
De aquí y de allá,
Del Sur y del Norte,
Del Este o el Oeste,
Del Centro o del Extremo,
Del Saliente y del Poniente,
Han llegado de algún sitio para ocupar otro.
Esa es su naturaleza,
Esa es su esencia.
Todos son naturalmente conquistados
Y naturalmente conquistadores.
El tiempo que dura cada cual, no obstante,
Se ajusta a las circunstancias.
Y, gracias a estas, se proclama
La libertad o la esclavitud.
Todo esto ocurre y seguirá ocurriendo
En el vaivén de las circunstancias.

Los versos y sus gestores que tachan
A unos “originarios” y a otros “sobrevenidos”
Solo crean vientos tempestuosos
Para sembrar odio y rencor,
Envidia y resentimiento,
En las entrañas del corazón humano.
Por eso sus afanes no son sanos,
Son afanes de poder disfrazados de versos dulzones,
Que obedecen a las leyes de la desintegración,
De la mediocridad y la ignorancia.
Más su astucia tiene un rol,
De enemistar a pueblos contra otros,
De contraponer a individuos contra otros.
Se trata de un antiguo ardid: “divide para reinar”
Pues, cuanto más divididos los humanos,
Más débiles serán;
Cuanto más enemistados, menos progresarán;
Cuanto más contrapuestos, no podrán caminar juntos.

De esa perversa maña,
Está enferma mi patria.
De esos versos, están llenas las almas,
Las almas de los bohemios,
Las almas de los literatos,
Las almas de los pensadores,
Las almas de los sabios.
A nosotros toca lavarnos,
A nosotros nos toca purgar,
No sólo la lengua, sino también el alma,
Para librar la gran batalla
Y respirar aires de progreso y libertad.
¡Estás destinado a grandes cosas! —dice el poeta—,
Pero esa grandeza será siempre esquiva,
¡Estando ausente la libertad!

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